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    August 16

    Sección de Sara [Agosto]

    LA SECCIÓN DE SARA

    Una vez más os presento la Sección de Sara. Es una chica genial, así que no ha fallado y hoy, puntualmente, me ha pasado lo que nos tiene preparado. (¡Vaya, que poeta estoy hoy! Aprovecho: miSpace he remodelado)Sección de Sara Hoy nos trae la continuación de algo que ya nos presentó, así que preparaos, aquí viene la segunda parte de...

    Elizabeth Wolf

     

    **********

    Desperté súbitamente, como si alguien hubiera decidido abofetearme tras llamarme en varias ocasiones. Lo primero que mis ojos vieron fue el techo de mi habitación. No recordaba nada, pero entonces lo noté. Bueno, realmente esa no es la expresión correcta. Mejor sería decir que no notaba nada.

    Inconscientemente me miré las muñecas. Limpias. Aquello no podía ser. Recordé que me Molly Green Recatatuflán había suicidado, es decir, al menos lo había intentado. Fue en ese momento cuando me levanté de la cama y lo vi. Mi cuerpo. Tumbado, empapado en sangre, con los ojos cerrados y la boca entreabierta. Aquello no podía estar pasando.

    Me sentí totalmente aterrorizada. No sabía qué hacer. Me incliné sobre lo que, hasta hacía unos instantes, había sido yo y traté de entrar en aquel cuerpo sin vida, sin color. No podía ser. Necesitaba volver allí dentro como fuera, tenía que hacerlo. Cuando fue evidente que no podría volver a estar viva nunca más, me senté en el suelo (si es que un alma o lo que quiera que fuese puede sentarse) y me quedé quieta, observando mi cuerpo. Eran tan triste. Había deseado morir y lo había conseguido, pero, ¿ahora qué? Quise llorar, pero las almas no tienen lagrimales, así que no solté ni una sola lágrima.

    -Elizabeth Wolf -dijo una voz desde mi espalda.

    Me giré.

    Hay cosas en este mundo que por más que las veas no puedes creerlas. Bueno, creo que este era uno de esos casos. Lo que tenía delante era un humano -o al menos eso parecía- con un traje negro que le cubría prácticamente todo el cuerpo. Me recordaba a un ninja o algo por el estilo. Llevaba una máscara blanca. Tampoco se le veían las manos, que llevaba cubiertas por unos guantes de cuero negros. Me miró -o al menos dirigió su cabeza hacia mí- y volvió a hablar.

    -Elizabeth Wolf -repitió.

    -¿Estoy muerta? -pregunté con un hilo de voz.

    Silencio durante unos segundos.

    -Así es.

    Miré a aquel ser con cualquier cosa menos con miedo. No parecía una presencia hostil, y desde luego era algo que entendía de estos temas. Era lo más parecido a lo que había visto en aquel accidente en toda mi vida.

    -¿Qué va a pasarme?

    -Yo no puedo decidir eso.

    -¿Decidir? ¿Qué quiere decir con eso?

    -Te has suicidado. No es muerte natural, por lo que se debe juzgar tu acto.

    -¿Juzgar?

    -Acompáñame, por favor.

    Aquel ser comenzó a caminar hacia la salida de mi cuarto. Le seguí; no diré que sin temor alguno. Mientras andaba me di cuenta de que no proyectaba sombra alguna.

    -No tengo sombra -dije, esperando una respuesta que no llegó-. ¿Soy un alma?

    -Un espectro -contestó el ser, sacando de algún pliegue de su traje un artefacto circular.

    -¿Acaso un alma no es lo mismo que un espectro? -inquirí.

    -No.

    “Monosilábico”, me quejé en silencio.

    -¿Puede explicarme la diferencia?

    -Un espectro es el residuo de un cuerpo que aun no debería estar muerto, bien a causa de un accidente, bien por suicidio, bien por el ataque de un stoler. Un alma es un residuo puro, es decir, el residuo de un cuerpo que ya ha cumplido su función en el Universo.

    -¿Stoler? -repetí, confusa.

    -No daré información innecesaria. Todo cuanto necesitas saber lo aprenderás cuando llegue el momento. Hasta entonces, debes quedarte en la Mazmorra.

    El ser abrió el aparato que había sacado de su traje y pulsó un par de botones. Automáticamente aparecimos en otro lugar. Ciertamente, tenía pinta de mazmorra. Justo frente a nosotros se extendía una enorme pared de piedra negra con miles de puertas que se perdían tanto a derecha como a izquierda. Frente a las puertas hacían cola miles de espectros o almas junto a miles de seres del mismo tipo que aquel ser monosilábico y maravilloso que me había tocado.

    -Está terminantemente prohibido mirar atrás -me advirtió él.

    Asentí.

    -¿Es información innecesaria saber qué tipo de ser es usted? -pregunté lo más educadamente que me fue posible.

    -No. Pertenezco al Escuadrón número seis del Ejército Tránsito.

    Le miré sin entender.

    -¿Ejército Tránsito?

    -No estoy aquí para resolver tus dudas, Elizabeth Wolf -contestó, tajante.

    -¿Y por qué sabes mi nombre y yo no sé el tuyo?

    -Porque no tengo nombre.

    “¿Cómo que no tiene nombre? ¿Qué clase de ser es este?”

    -¿No eres... humano? -pregunté con un nudo en la garganta.

    El miembro del Ejército Tránsito se volvió hacia la fila, impasible.

    -Eso sí es información innecesaria -respondió.

    La fila de espectros/almas y seres no humanos avanzaba impasible hacia cada una de las puertas. Me pregunté por qué no nos mantenían presos de alguna forma, es decir, alguna de aquellas almas/espectros podría decidir que no quería estar allí y tratar de escapar. Me pregunté por qué no tomaban medidas contra ese tipo de sublevaciones. Pero entonces recibí mi respuesta.

    Uno de aquellos muertos se dio la vuelta y empezó a correr. Bueno, realmente trató de empezar a correr. Cuando no había llegado a un metro de donde estaba, su cara se convirtió en un muestrario del terror y el desconcierto. Después, simplemente, despareció. Yo no podía entender nada. Algunos de los espectros que estaban en mi fila también mostraban un gran asombro. Otros, sin embargo, permanecieron tranquilos, como si aquello les resultara algo normal, algo rutinario. Dirigí mi mirada al miembro del “Ejército Tránsito” que me acompañaba. Seguía mirando al frente, impasible.

    -¿A dónde ha ido ese espectro? -le pregunté.

    -Al Limbo.

    No me molesté en seguir con el interrogatorio. Sabía que no iba a servir de nada, y, además, ya estaba suficientemente nerviosa. Traté de mantener la calma pensando en algo bonito. Y lo único que se me ocurrió fue que, quizás, podría encontrarme con él en aquel lugar.

      

    July 16

    Sección de Sara [Julio]

    Saludos a todos. Pretendía empezar disculpándome por que el Miércoles al Sol de ayer falló (¡Que novedad! ¿De verdad alguien pensaba que el primer mes organizado de mi Space saldría perfecto?), pero sé que nadie lo echó en falta, de modo que vamos a lo que nos interesa...
    Os presento...

    LA SECCIÓN DE SARA

    Sí, aquí tenemos la primera Sección de Sara.
    De momento no hemos tenido una introducción de SaraSección de Sara , pero para la próxima seguro que nos cuenta algo. Hoy nos deleita con el comienzo de uno de sus escritos...

    Elizabeth Wolf

     

    Recuerdo que, cuando morí, no quería separarme de mi cuerpo. Después de haber provocado mi propia muerte, no quería abandonar este mundo. Cualquiera se hubiera reído ante una situación como esa.

    Cortarse las venas dolió mucho menos de lo que me esperaba. De hecho, apenas lo noté. Cuando la cuchilla pasó sobre mis muñecas sólo pensé que todo había terminado. El último mes había sido lo más horrible que jamás había Recatatuflán Molly Green vivido, y aquella cuchilla se presentaba como la única escapatoria a un mundo lleno de maldad y tris teza; mi pasaporte al paraíso. Me tumbé  en la cama, mirando mi muñeca izquierda, y esperé la muerte. Pasados dos minutos, mi instinto fue incorporarme y buscar algo con lo que parar la hemorragia. Me quedé allí, con los ojos abiertos de par en par, tratando de encontrar desesperadamente cualquier cosa que me sirviera para evitar que me desangrara. Cogí la sábana y envolví mis muñecas con ella, pero aquello no paraba emanar sangre. Luego mi cuerpo reaccionó por mí. Solté las sábanas y volví a tumbarme. Estaba nerviosa, muy nerviosa. Levanté mi brazo derecho y cerré los ojos. Podía notar cómo el líquido, caliente y espeso, salía al exterior y bajaba torpemente por mi antebrazo. Volví a bajarlo.

    En cuando perdiera unos dos litros de sangre no habría vuelta atrás. Entraría en coma y, si nadie me encontraba antes, moriría. Así que simplemente cerré los ojos y esperé.

    Hubo un momento en el que empecé a marearme. Muchísimo. Abrí los ojos y miré el techo. Sabía lo que estaba pasando, podía notar la sangre empapando mi camiseta, las sábanas, todo. Recordé su voz, pensé en lo que él haría si estuviera en esa habitación, incluso llegué a pensar que si le llamaba abriría la puerta, me sacaría de allí y correría a un hospital. Finalmente, cerré los ojos y me dejé ir. Lo último que sentí fue una gota de sangre cayendo desde mi dedo corazón a la moqueta del cuarto. Y frío, mucho frío.

    Y ahí terminó mi vida como Elizabeth Wolf.

    *********

    Cuando tenía diez años, mi abuela materna murió de cáncer. Recuerdo que estaba muy unida a ella y aquello me dejó destrozada. Lloré durante días y, cuando por fin tuve el valor suficiente, mi madre me llevó a visitar su tumba. Cuando llegamos hacía bastante frío, y mi madre me puso su abrigo por encima. Pasamos frente a la tumba un buen rato. Finalmente, mi madre sacó de su bolso un paquete de galletas y me dio una.

    -Querida Liza, la muerte es algo normal. Pertenece al ciclo de la vida. No debes llorar porque la abuela haya muerto, ¿de acuerdo?

    Asentí. Entonces mi madre se puso en cuclillas e igualó mi altura.

    -Cuando una persona muere, no significa que haya desaparecido del todo. Si recuerdas a tus seres queridos, siempre vivirán.

    Miré a mi madre con gran tristeza.

    -Sí -dije.

    Ella me sonrió.

    Desde la muerte de mi abuela, empecé a preguntarme a dónde van las almas de las personas que mueren. Mi madre siempre decía que, si había sido una persona buena, su alma iría al cielo. En caso contrario, tendría que pagar penitencia en el infierno. Mi abuela había pensado igual toda su vida, y a mí me parecía algo totalmente real, no lo tomaba como una teoría o una creencia. Pero entonces, un día, sucedió algo que quizás no debiera haber sucedido.

    Habían pasado cinco años desde la muerte de mi abuela, y mi madre y yo nos habíamos mudado a una pequeña ciudad costera. El camino hasta la escuela pasaba bordeando el mar, por una especie de paseo que habían construido con madera. Como justo al lado pasaba una carretera, en invierno colocaban luces por todo el paseo, de manera que aunque fuera de noche podías ver por dónde ibas. Pero aquel día había habido un problema con el sistema eléctrico y las luces no funcionaban. Muchos padres y madres fueron a buscar a sus hijos ese día, pero mi madre trabajaba hasta tarde y yo no podía quedarme allí, así que decidí salir y dirigirme a casa. Hacía frío, mucho frío. Recuerdo que un par de chicos algo mayores que yo habían decidido hacer lo mismo e iban como a tres metros por delante de donde yo estaba. Estaba muy oscuro y me alegré de no tener que ir sola durante todo el camino.

    Llevábamos recorrido cosa de medio kilómetro cuando sucedió. No sé muy bien cómo pasó, supongo que el conductor de coche iba demasiado relajado y cuando quiso darse cuenta era demasiado tarde. No lo sé. Simplemente, iba iluminando el suelo con mi móvil, tratando de no tropezar con alguna piedra o algo así, escuché un grito, levanté la vista y vi cómo un ford de algún color oscuro se llevaba por delante a uno de los chicos. Luego el coche dio un volantazo y me vi arrastrada por el mismo vehículo. Fue tan inesperado que ni siquiera sentí miedo. Cuando abrí los ojos estaba tumbada sobre el asfalto, y notaba algo caliente correr por mi mejilla. “Sangre”, pensé. Pero estaba demasiado cansada para mover mi mano y tocar aquel líquido, así que me quedé mirando. Vi a un hombre de mediana edad salir bamboleándose del coche, tratando de llegar hasta el cuerpo del muchacho. Él sí había muerto. Su amigo estaba junto a él, y lloraba y le daba golpecitos en la mejilla, tratando de hacerle despertar. Estaba tan mareada...

    Entonces lo vi. Algo increíblemente extraño sucedía, algo que yo jamás había visto antes. Justo a la derecha del cadáver del muchacho empezó a materializarse un cuerpo. Bueno, no sé exactamente qué era. No tenía la visión lo suficientemente clara como para poder distinguir gran cosa, pero vi cómo ésa figura se inclinaba sobre el cadáver del chico y empezaba a hacerle algo. Nadie más parecía verle. De repente, del cuerpo sin vida del muchacho salió una réplica exacta a él. Parecía tan aturdido como yo. Nadie más podía verle, yo no entendía nada, empecé a tener miedo; me mareé y quise vomitar, pero ni siquiera podía moverme. Así que esperé. Me quedé quieta y esperé. Cerré los ojos.

    No sé cuánto tiempo pasó desde que vi aquello hasta que desperté. Cuando abrí los ojos estaba en la cama de una habitación de hospital, y mi madre estaba sentada en un pequeño sillón negro a mi lado. Me contaron que el chico había muerto con el impacto del coche, y que yo me había dado un gran golpe en la cabeza al caer sobre el asfalto, de modo que esta se había abierto y yo había perdido mucha sangre. Entonces pensé que todo lo que había visto aquella noche había sido debido a la falta de flujo sanguíneo, y que no tenía más importancia.

    ¿Qué pasa cuando mueres? ¿Sientes algo? ¿Ves algo? ¿O simplemente desapareces del mundo y ya no hay vuelta atrás? Yo me preguntaba todo eso mientras estaba tumbada en la cama de mi cuarto, desangrándome. Morir significaba paz. ¿No era eso?